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lunes, 14 de abril de 2008

LA PAELLA Y EL GENERAL

Las primeras maniobras de cocinero fueron en Marines, en una masía de zona militar. Montamos la cocina de campaña y comencé a cocinar, con lo que ya sabia, con las recetas que mi madre me enseño y la ayuda de una olla industrial a presión, fue mi salvación, todo iba muy bien le cogí la marcha y sin problemas.

Seguí la amistad con el médico de la compañía que como valencianos, cambiamos la forma de hacer la paella, cosa que el cocinero anterior, que era muy profesional, pero al ser de Albacete no tenia acierto con la paella, metiéndole pimientos y guisantes, sofriendo el arroz y haciéndola con gas.

Como el médico no tenia mucha faena, se pasaba los ratos en la cocina, hablando conmigo y ayudándome a cocinar, pues tenia cierta afición y no había, mas distracción en pleno monte. El día que tocaba paella en el menú, nos preparábamos el fuego con leña de garrofera, las ramitas de romero, el garrafón, la bachoqueta y las vaquetas, le cogimos el nivel del agua y nos hicimos unos profesionales de la paella valenciana. Salían ochenta plazas, no sobraba ni una cucharada



Esto me llevo a la anécdota más curiosa e importante por su alta graduación y personaje, que me ocurrió, en el servicio militar.

Comenzamos unas maniobras en una aldea cercana a Marines, en zona militar y con fuego real e intervención de morteros. Acudió como espectador invitado, a visitarla el capitán general, de Valencia y de la ¡BRIDOT!

Con toda la plana de estado mayor, no falto el coronel Carruana, Jefe del CIR 7 de Marines, con todos sus mandos. El campamento de campaña que era la masía, estaba llena de estrellas y ordenanzas más de veinte jefes.

Yo allí estaba, en la cocina, preparando la comida, cosa que por ser un día especial, por el acontecimiento, guise una gran paella. Comenzó a llegar la tropa, eran las dos de la tarde, hora de comer, cuando se arreglaron, formaron y comenzamos a servir la gran paella. Como es norma, cuando hay un mando superior se le sirve una bandeja de degustación, con la comida de la compañía. En este caso el menú llevaba ensalada, paella, lomo con patatas un plátano y vino con gaseosa. El ayudante que tenia en la cocina, Villar, y que servia a los mandos, cogió la bandeja, se presento delante del general y se la sirvió. No se si es que tenia mucha hambre por la hora que era, pues estaba toda la mañana presenciando las maniobras, o por que le gustaba mucho la paella, que en tres cucharadas se comió toda la ración y para disimular se dirigió a mi capitán diciéndole, Vicario aquí coméis mejor que en casa, pues esta paella no te la sirven en ningún buen restaurante de Valencia. Mi capitán se puso muy gordo al escuchar el elogio que le había hecho delante de todos los a ahí presentes y le contesto, pues mira, la ha cocinado un muchacho que no es del oficio, pero si tiene mucha afición y nos da muy bien de comer. El capitán general se relamía la boca después del plato de paella que se había tragado.



Para quedar bien y disimular un poco, le dijo “me gustaría saludarlo, pues el también es responsable de que la compañía este bien alimentada y tenga estos éxitos”, el capitán obedeció las ordenes y me mando llamar. Salió el brigada corriendo a decirme que me presentara al capitán, que estaban reunidos en la carpa, una tienda parque, y que me arreglara un poco. Pues allí estaba yo, sin guerrera y lleno de manchas de aceite, me arregle un poco y en unos segundos allí me presente, delante del capitán general, todos mirándome, como si fuera el soldado desconocido, yo estaba todo firmes y sin menear pestaña. El general se dirigió a mí y me dijo, “descansa muchacho, quería conocerte y felicitarte, por tu trabajo y la paella que estaba muy buena”, me estrecho la mano, yo le di las gracias y marcialmente me di media vuelta y salí de la carpa. Al salir todos estaban a la expectativa de lo que me estaba pasando, todos los mandos y mis compañeros de sección me rodearon haciéndome preguntas de lo que me había pasado y que me había dicho el general, yo estaba en una nube no podía creérmelo, me había felicitado el capitán general. Fui la envidia de muchos.

El general se marcho con todo su séquito y el capitán nos mando a formar para felicitarnos por las maniobras y darnos la noticia de que estaba muy satisfecho de la compañía y que el general nos regalaba la masía y nos daba una semana de permiso para toda la compañía. Todos saltamos de alegría pues no eran frecuentes los permisos, todos nos quedamos muy contentos, este hecho me marco, me convertí sin quererlo en el mas famoso y conocido de toda la compañía.

Seguí mi vida normal. Arreglaron la masía como si fuera una casa rural con sus literas y todo arreglado. Fue nuestro cuartel de maniobras en Marines. Entro el nuevo cocinero. Le explique la marcha, le dije donde estaban todos los cacharros y yo me incorpore a mi sección, con el cabo Cotino. Al ser un veterano y quedarme poco tiempo para licenciarme pasaba ya de todo. La última maniobra fue en Onteniente. Yo era el reportero gráfico. Hice las fotos de los ejercicios. Vino a visitarnos al regimiento, el capitán general y desfilamos junto con el regimiento, 20º de Guadalajara. Al poco tiempo me licenciaron.


Salí vestido de paisano por la puerta del regimiento y girándome y sin creérmelo mirando al cuerpo de guardia formado. Me despedí con un adiós.

Los compañeros licenciados y yo nos fuimos a comer a Cullera. Allí me despedí de todos. No recuerdo a todos pero si algunos Villar, Lluc, Cotino, Renau, García, Fernández, Sanchís, Boscá, Idiarte, Cabrera, Puch, Melero, Gutiérrez, Valls, Ferrandiz, Guadamuro, Ortiz, Parrilla, Lloret, y otros mas que en estos momentos no recuerdo. Que me perdonen su olvido, pues ya hace 37 años. Para todos, un fuerte abrazo.

En el año 2000 gane el primer premio de un concurso fallero, de paellas entre más de veinte participantes. Con mi romero y mis vaquetas, ¡que buena está la paella!

Os dejo ya seguiré contando mas cosas, es sábado y mañana toca comer Paella, “chaoo”

domingo, 6 de abril de 2008

C.O.E 32. PATERNA.

Hice la instrucción en MARINES.
En la 11, compañía del 1 batallón, éramos mas de doscientos reclutas en esa compañía, fueron dos meses muy intensos, no parábamos en todo el día: instrucción, gimnasia, duchas, comedor y por las tardes, teórica. Salíamos por las tardes a la hora de salida a los bares de alrededor, donde merendábamos y nos tomábamos unas cervezas hasta la hora de cenar. Luego tocaban silencio y todos a dormir, al día siguiente a las siete diana, todos a formar y vuelta a empezar.
Fuimos el primer reemplazo que juró bandera en el campo de instrucción de MARINES, fue un día de verano, hizo mucho calor, hubieron varios desmayos, terminó la jura, nos subimos a los autobuses que estaban esperando y nos fuimos unos días de permiso a casa.
Me incorporé a mi destino un lunes de junio, seguía haciendo calor, me presenté en PATERNA en el regimiento 20 de GUADALAJARA, en la C,O.E 32.



Seríamos unos treinta voluntarios, una sección, fuimos el segundo reemplazo que inauguró también la compañía, que estaba un poco retirada de las demás.
Vinieron a recogernos de la puerta del regimiento, dos cabos primero, uno se llamaba Becerra y el otro Cervantes, nos formaron y nos dirigimos a la nueva compañía, la primera impresión que me dieron, fue “dónde te has metido dios mío”. Nos recibieron con muchos gritos e insultos, me quedé asustado, no estaba acostumbrado a esas formas, bueno creo que después de tiempo fue una novatada, que se les hacía a los reclutas, cosa que ya no volvió a ocurrir más.
Nos presentaron a los mandos: el capitán VICARIO, el teniente ISABEL, los sargentos FERRER y ALMAGRO, y el brigada CUERDA que era el encargado del almacén. Nos entregaron la ropa y todo el material, mochilas, botas de montaña, el cetme y la boina VERDE, con sus insignias.
Estuvimos toda la mañana de aquí para a lli, nos cambiamos de ropa y empezó el nuevo destino.
Al día siguiente, me hicieron el pase pernocta y salía todos los días a dormir a mi casa de GODELLA mientras no tuviese servicio, ni instrucción nocturna.
Los seis primeros meses fueron muy duros: instrucción, gimnasia, tabla de combate, tiro con diversas clases de armas, maniobras, explosivos, escalada y rapel, saltos del camión y todos los meses salidas de unos quince días de maniobra , todo esto, con su respectivas clases de teórica.




Teníamos unas instalaciones, muy bonitas y arregladas, todas nuevas, con su gimnasio, donde practicábamos judo y defensa personal, también teníamos una pista americana donde una noche lloviendo, al saltar, me lesioné el talón del pie, me costó más de dos mes curármelo.
Tuve suerte con el médico de la compañía, que nos hicimos buenos amigos, ya que a los dos días de estar en la compañía, me llevó a su casa de CATARROJA para hacerle la instalación eléctrica, estuve una semana, que me invitó a comer con su familia y me llevaba y me traía a mi casa. Me pagó bien e hicimos buena amistad, cosa que aproveché cuando me accidenté ya que él firmaba los permisos de baja. Todos los días salía a mí casa rebajado de todo servicio, ya que estaba accidentado, me llevó y me trajo al hospital militar donde sin esperas y sin turno, me hicieron placas de todo el pie, se portó muy bien conmigo era poco militar pero buena persona.


Al estar accidentado, en las maniobras me destinaron a la cocina de campaña, había un cocinero de profesión que comíamos mejor que en casa, se llamaba ZAPATA, estuve a su cargo y le ayudaba en la cocina. Me enseñó a cocinar, cosa que a mí ya me gustaba, seríamos unos ochenta, no había mucho que hacer pues el desayuno, la comida y la cena. Me lo pasé bien, lo único que teníamos que madrugar, para hacer el desayuno.
Llegó el momento de licenciar al cocinero y no teníamos quien cocinara a sí que el capitán me mandó llamar a su despacho, me presenté todo marcial y le dije: “a sus ordenes mi capitán”, se me quedó mirando y haciéndome pasar me dijo: “¿Cuándo has venido que yo no te he visto? , ¿dónde te has metido?”. Yo le contesté: “mi capitán estoy aquí en la compañía ya seis meses”. Me volvió a mirar y haciendo un gesto me dijo: “A lo que íbamos, te he hecho llamar para decirte que vas a ser el nuevo cocinero de la compañía, así que ves preparándolo todo, para estar a punto y salir cuando te lo mande. Desde hoy tu eres el encargado de todo y el responsable así que ya lo sabes”. Yo le contesté “Mi capitán yo no estoy preparado para ser cocinero y para tanta responsabilidad”. Él me contesto riéndose: “No te preocupes, si los garbanzos te salen duros los gastaremos de munición contra el enemigo, ya te puedes retirar”. Yo saludándole le dije: “A sus ordenes mi capitán!” No sabía yo que me había ascendido y era una carta en blanco. Con el tiempo llegué a tener casi el mismo mando que él, es verdad que el estómago y el hambre mueve montañas.


Comencé mi nuevo destino, ya no tenia que pegarme esos abrigazos de ejercicios, me presentaba a lo que quería y cuando algún sargento me llamaba para hacer cualquier cosa yo le decía que no podía, estaba rebajado de todo servicio, yo iba a mi aire. Así estuve tres meses hasta que entró el nuevo cocinero.
Es una de las cosas que he aprovechado en la vida real, el saber cocinar y seguir con esa afición, ya os contaré mas cosas, que aproveche, chaoo.

miércoles, 30 de enero de 2008

Calatrabo Soldado

Fui llamado a filas el quince de abril el segundo reemplazo del año 1971. Era un lunes, el despertador sonó a las seis de la mañana, me tome un café con leche y mi madre me preparó una bolsa de deporte con unos bocadillos de chorizo y salchichón, también me puso unos paquetes de tabaco marca ducados y con todo esto nos despedimos en la puerta con un beso y un abrazo, nos dijimos adiós. Me dirigí caminando a la estación de Godella para coger el tren de cercanías, que pasaba a las siete horas hacia Valencia capital.

Calatrabo recluta

En la estación nos encontramos varios quintos entre ellos mi buen amigo y vecino Sebastián. El viaje se nos hizo corto, hablando y fumando llegamos a Valencia. Todavía no había amanecido cuando bajamos en la estación del puente de madera, y nos dirigimos todos juntos hacia La Alameda, donde se encontraba el cuartel de la caja de reclutas y mientras caminábamos, el día empezó a amanecer radiante y soleado, de esos de primavera, caminamos durante unos treinta minutos.
Al llegar al cuartel de La Alameda nos situaron en un patio con una explanada grandísima llena de reclutas, unos dos mil aproximadamente y en la puerta había unos cien camiones aparcados. Serían las ocho y unos soldados auxiliares mandados por un capitán esperaban a que fuésemos llegando y al mismo tiempo nos iban formando. Cuando estábamos todos formados, el capitán comenzó a pasar lista -fulano de tal- -presente!, -fulano de tal-aquí estoy!- y así sucesivamente hasta terminar la larga lista de reclutas llamados a filas.
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Calatrabo y sus compañeros
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Nos organizaron en dos sectores, uno Bétera y otro Marines. Cuando fuimos nombrados nos tuvimos que separar porque a mi amigo Sebastián le tocó Bétera y a mí me toco Marines. Creo que yo tuve mas suerte porque el campamento de Marines estaba recién inaugurado y todo relucía como nuevo y sin estrenar como si se tratara de un hotel de cuatro estrellas, en cambio Bétera era un cuartel ya viejo.
Mientras el capitán seguía nombrando uno detrás de otro nos entregaban un grandísimo petate para guardar toda la ropa, fue el momento de comerme el bocadillo de salchichón que me había preparado mi madre. Serían ya las once y el capitán seguía nombrando, cuando por fin terminó de pasar la lista le faltaba un recluta llamado Juan Sánchez, el capitán no hacia más que nombrarlo, - Juan Sánchez!- -Juan Sánchez- y nadie contestaba.
A las doce el capitán dio orden de subir a los camiones. Cuando estábamos todos arriba y a punto de marcharnos, apareció por la puerta ese tal Juan Sánchez y el patio enmudeció, el capitán se le quedó mirando con cara de perro y pocos amigos y se dirigió a él -¿que te ha pasado?- y el tal Sánchez con un bocadillo debajo del brazo y muy tranquilo, le contestó -pues mira amigo, que me he dormido-.
Arrancaron motores y nos dirigimos hacia el campamento de Marines, así comenzó mi servicio militar en el Cir 7 de Marines -Valencia-, campamento de Marines matadero de reclutas, como más tarde cantaríamos en la canción.
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Calatrabo soldado

Otro día os contare más cosas de la mili, me voy a cenar y a ver el telediario de las nueve chaoo.